Bagua, después de un año

Algo tiene el tiempo: hace ver las cosas en perspectiva.

Hace un año, no sabíamos bien qué estaba pasado en Bagua. Nos enteramos de una forma terrible, con muchas muertes de por medio.  Ha pasado un año, y aunque sabemos un poquito más, todavía no sabemos exactamente qué pasó

Y lo más triste es que, así como están las cosas, es probable que no lo sepamos nunca. Y digo que es lo más triste porque de este modo no aprendemos nada.

Como dije en otro post, en otro lugar, las heridas que Bagua nos ha dejado a todos como país, como ciudadanos y como seres humanos comunes y corrientes, no han cicatrizado aún. Y es lógico. No sólo ha pasado muy poco tiempo, sino que  ¿cómo se puede superar, cómo se puede uno sobreponer a un duelo si a uno le prohiben hablar del tema?

Si a mí, que no perdí a nadie en Bagua, el tema me sigue resultando perturbador y muy difícil de abordar, ¿cómo se sentirá la gente que sí vio morir a otros? ¿Los que perdieron familiares, amigos, conocidos? ¿La gente que no tiene dónde o con quién expresar lo que vivió?

De otro lado, hablar del tema en sí es muy dificil. No sólo hay presiones para no levantar mucho el tema en público, sino también el tema resulta espinoso incluso entre gente que uno considera afín y hasta entre amistades. En serio. El tema levanta unas discusiones de lo más acaloradas, y me he ganado más de un pleito por eso.

Tengo amigos de izquierda que me exigieron más solidaridad, que me han reprochado, velada o explícitamente, el no haberme pronunciado públicamente contra el gobierno, y alguno por allí consideró que mi silencio al respecto era “hipocresía,” o apoyar la represión.  Y alguno dejó de hablarme varios días, resentidísimo, cuando le cuestioné ciertas actitudes de Alberto Pizango.

Tengo amigos más de derecha, o que se autodenominan liberales, que se me fueron encima cuando empecé a considerar la posibilidad de que quizás hubiera más muertos que los que consigna la estadística oficial, y que me llamaron de irresponsable para abajo por expresar esas dudas. Y eso que sólo eran dudas, tampoco estaba haciendo propaganda…

Lo irónico del caso es que mientras me reprochaban de un lado y del otro, en el trabajo no la estábamos pasando muy bien, porque estábamos recibiendo algunas amenazas. No lo comenté públicamente entonces, y ahora prefiero mantener los detalles en reserva, pero… ése fue un estrés muy, muy fuerte.

En mi descargo, diré: no sólo trato de mantenerme siempre al centro y de sacar mis propias conclusiones, sino que tengo el vicio profesional de huir de todo lo que huela a sesgo y de cruzar toda la información posible. Ojo, no me malentiendan y recuerden, no soy ni militante ni activista: soy periodista, que es muy distinto. Mi compromiso va por otro lado: por el lado de informar.

Y lo que pensé entonces, y sigo pensando ahora, es, si nosotros, que no vivimos la realidad cotidiana de Bagua no podemos ni siquiera hablar sobre estos temas sin acalorarnos, ¿podemos esperar que el pueblo de Bagua olvide y se quede tan tranquilo?

Y más que echarme un discurso, quiero plantear algunas preguntas:

¿Hay alguna posibilidad real de entendimiento entre el país “oficial” y los pueblos nativos?

Un año después, ¿hay alguien escuchando algo que no sean sus propias palabras o sus propios intereses?

Los que me conocen de cerca saben que, por sobre todo, lo que más me interesa es la gente. Las vidas de la gente. No puedo justificar ninguna muerte. Creo que la vida es el valor supremo y como tal, nada en este mundo puede ser más valioso.

En este sentido, creo que como dijo Luis Hernández, una paz injusta es superior a una guerra justa; o como dice el viejo dicho, más vale un mal arreglo que un buen pleito. Más aún si se trata de evitar que la gente muera.

Porque las cosas en Bagua, un año después, no están ni una pizca resueltas, de eso sí estoy segura. Porque aplastar una revuelta por la fuerza no es resolver nada; es sólo seguir incubando problemas a futuro. Y si se vuelve a manejar mal la situación, las cosas se podrían volver a poner complicadas.

¿Qué tenemos que hacer para evitar otro Bagua?

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Algunos les dicen pensamientos sueltos, pero yo no aspiro que sean tanto: tan sólo compartir algunos retazos de sensaciones, y por qué no, también estados de ánimo. De una u otra naturaleza.

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