Las historias de Runcie

Runcie siempre nos sorprende. Seguramente la larga convivencia con el horno ha infundido en su persona parte del poder creador y mutador del fuego. El filósofo que quería ser cantautor, el cantautor que devino en ceramista, el ceramista que pasó al manejo del espacio, el artista visual que expresa su filosofía personal también en libros; todo eso, pero también mucho más, es nuestro destacado artista Carlos Runcie Tanaka, quien acaba de presentar en el Centro Cultural Peruano Japonés su más reciente muestra, “Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias”. Como parte de esta muestra, Runcie ha editado un interesante libro, que mediante una serie de poéticos textos cortos –acompañados de fotos— narra parte de sus propias historias y reflexiones personales. Libro que hasta en su diseño refleja las concepciones estéticas del artista. El libro y la exposición se acaban de presentar en el marco de la 35° Semana Cultural del Japón.

En estas dos últimas muestras tengo la sensación de que estás homenajeando al legado de tus dos ancestros, el japonés y el británico.
Qué claro lo has visto. En la anterior (“Sólo Nubes”) me ocupo de ese abuelo británico al que no siempre le he hecho justicia. Y en esta última muestra hay muy claramente un homenaje al Japón, y están presentes en ella el padre de mi madre, el abuelo Tanaka, y muchas historias anexas. Quise hacer algo especial para la 35° Semana Cultural del Japón; algo que invite a reflexionar acerca de cómo la relación de Carlos Runcie con en Japón influye en las cosas que hace. Y en algunas de las cosas que aprendí en Japón como aprendiz de ceramista: el respeto, la mente abierta, la humildad, la necesidad de escuchar y aprender lo más posible para poder percibir que no sólo se trata de producir objetos, sino de darles sentido. Siempre en el intento de comunicar algo con el trabajo..

Me habías comentado en una entrevista anterior que finalmente el objetivo de toda muestra es comunicar algo. Esta es una muestra en la que probablemente haya que leer algo antes de acercarse. Pero para quien prefiera venir de una manera más libre, más ingenua, pues allí está el cangrejo, las olas del mar, y las sensaciones que despiertan sus sonidos durante el recorrido, porque esta muestra tiene un recorrido. Son diez momentos que pongo lado a lado con los de la parábola zen del niño que buscando al buey (que viene a ser como el conocimiento, finalmente) tras atraparlo se da cuenta de lo que no es tan importante, y regresa a la ciudad con un nuevo conocimiento, sin angustias, sin rencores.

Me haces pensar en que el recorrido de Carlos Runcie, artista, desde “Desplazamientos” hasta ahora es casi como el recorrido del niño buscando a su buey, el de la parábola Zen.
Casi. Yo no tengo un buey, pero tengo un cangrejo, al que me aferro desde hace muchos años, y que me da unas pautas incluso en torno a mi identidad, no sólo en torno a ese abuelo japonés que nunca conocí, sino también a mi identidad en el Perú: que me acerca a la noción de costa, de pertenecer a un territorio peruano. Reflexiono y me he preguntado muchas veces cómo puedo ser un peruano más con tantos problemas que tengo en la cabeza de identidades mixtas, de afinidades culturales diversas: el lado japonés, el lado británico, y el vivir en en un país como el Perú que me brinda el espacio de la cultura, la historia, la arqueología, el territorio, el paisaje del desierto. Finalmente, no sé si haya sido o no casualidad el elegir la cerámica como vehículo conductor para poder atar cabos con todas estas inquietudes.

Has llamado a ésta “la más personal” de tus muestras.
Esto es casi como salir al escenario a cantar una canción. En esta muestra hay un intento de reflexión, que pasa por momentos personales… estoy pensando en cómo el doblar un cangrejo en origami se ha convertido en parte de mi vocabulario como artista plástico, tanto así que a veces hasta reemplaza a la cerámica. Sin embargo la cerámica sigue siendo un elemento importante, y estoy muy agradecido de que a pesar de tantos años todavía tenga la sensación de que hay mucho que decir, que hacer con la cerámica. Creo que ahora se trata un poco de repetir la misma canción pero quizás en otra tonalidad, o en otro tono de voz, ojalá que ya más maduro.

Estás cumpliendo 50 años muy pronto. ¿Qué reflexiones tienes sobre eso?
En varias cosas, que esta muestra reúne. Este es un momento distinto para mí: entre otras razones, la necesidad de ver el trabajo de otra manera, pensarlo desde otros puntos de vista. También por la posibilidad de revisar temas, momentos importantes en mi vida y mi trabajo. Creo que he llegado a un momento en el que hay una necesidad de desacelerar…

Digamos que quieres concentrarte en la esencia de las cosas…
Y también tomar la vida con más calma. Mi padre se me fue hace pocos meses, lo que me deja un vacío que poco a poco se va llenando: y tengo también recuerdos de cosas que quise hacer y que no hice, o que cambiaron. Fíjate por ejemplo que en un principio yo quería ser cantautor; y ahora creo que en mis últimos proyectos hay mucho de eso, de la manera como se compone una historia con palabras y música. Llegar a esta edad, acercarse a los 50 años tiene también que ver con que el cuerpo se cansa y no tiene la misma resistencia que a los 20, pero la experiencia te da ya otra manera de contar, de cantar, otra manera de procesar las cosas, inclusive la propia vida… y quizás es el momento de hacer un balance. Creo que eso es lo que está pasando conmigo en este momento.

Si nos ponemos mitológicos, vemos que la arcilla está presente en muchos mitos y leyendas de muchos pueblos…
…y en los de la creación del hombre. Y está presente desde siempre en todos los pueblos. Y ponte a pensar qué es lo que va quedando como rastro de la vida humana, y que podemos ver en los museos: algo tan aparentemente simple como la cerámica. Tan sencillo y tan frágil, pero que dura, se conserva, y resiste el paso de miles de años, a diferencia de otros materiales.

¿Qué proyecto o proyectos tienes ahora?
No tengo ninguno en concreto específicamente, pero sí un posible viaje a Colorado el año entrante. No suelo planear muy anticipadamente los proyectos… es decir, me comprometo a algo en términos de reservar el espacio físico para él, pero las historias vienen por sí mismas, en su momento. Son casi decisiones de último minuto, digamos que unos dos o tres meses antes de abrir una muestra es que el proyecto se da y madura… Y si en algo he confiado es en esa “iluminación”, en esa decisión final, que es la que hay que tomar en un momento dado. Simplemente hay que seguir adelante, optar por algo y creer firmemente en eso. He tenido siempre la suerte de que los trabajos han llegado a buen término, he podido concretar las ideas y ponerlas en escena: pero no siempre ha sido fácil. La vida es un cúmulo de experiencias, que se van juntando, que a veces se pueden compartir; se pueden contar, se pueden cantar, a veces se sueñan: pero lo más importante es que efectivamente se pueda dar esa comunicación: la de las historias.

(Texto y fotos: María Isabel Guerra.)

Links:

Página Web de Carlos Runcie Tanaka

Más Fotos.

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