Diagnóstico: asma (ayer y hoy)

¿Asma? ¡PLOP! Esa fue la cara que pusieron todos (esposo, padres y demás parentela) cuando a la mitad de mi embarazo me diagnosticaron asma alérgica.

¿Yo, asmática? Bueno, lo sospechaba desde hacía tiempo, pero como ningún médico mencionaba la palabra, pues vivía en la ignorancia, como quien dice.

El neumólogo (el especialista que me hizo el diagnóstico) me aclaró muchas cosas: porqué la mayoría de mis resfríos se complicaban mucho y demoraban semanas en quitárseme del todo, o porqué los jarabes para la tos no me producían ningún alivio, por ejemplo.

Pero, claro, nunca fui donde ningún neumólogo sino hasta el sexto mes de mi embarazo.

En ese entonces mi vecino empezó a remodelar su casa, y como efecto inevitable del proceso demolición-reconstrucción-basura-desmonte-lijado-de-paredes, se empezó a levantar, mucho, muchísimo polvo. Y un día empecé a toser y a sentirme muy mal. Tanto, que apenas si podía comer, y ni bien me acostaba a dormir, era peor: de tanta tos casi ni podía respirar. Me daba cuenta de la relación entre las obras de mi vecino y mis malestares, pero claro, no podía hacer nada al respecto.

Lo cierto era que cada día estaba peor, y estando embarazada, fui primero al ginecólogo, quien luego de examinarme me derivó donde el neumólogo. Éste (que dicho sea de paso es un médico muy divertido) luego de examinarme y hacerme algunas preguntas, me describió, sin que yo se la hubiera mencionado, mi triste infancia enclaustrada, sin deportes y plagada de lo que en ese entonces se llamaba “bronquitis asmatiformes”, y mi súbito-milagrosa mejoría al llegar a la pubertad. Yo asombradísima, apenas si movía la cabeza (porque si hablaba me provocaba toser) para indicarle que sí, que todo eso fue tal como él lo describía.

Concluyó diciéndome “hija, eso que tienes es asma, lo que sucede es que muchas veces se recrudece con el embarazo. Te voy a recetar Ventide y en menos de una semana vas a estar como cañón. Y después de tu parto seguro que se te mejora de nuevo”.

Y tenía razón. El inhalador de Ventide me quitó los malestares en tres días. No digo que me curó, pero recobré lavoz, volví a comer y dormir y en general a hacer mi vida normal en un 95%. Después del parto, pues en verdad mi asma retrocedió y volvió a ser el malestar con tos persistente pero leve de todos los cambios de estación, de los días muy húmedos y de los ambientes muy polvorientos, aunque ahora fácilmente controlable con ese bendito medicamento.

Ojalá los modernos inhaladores para el asma (los hay de diversos tipos) hubieran existido cuando era niña. En esa época los pediatras me recetaban un antibiótico tras otro, y como efecto secundario tenía constantemente, ¡siempre!, dolores de estómago y náuseas. Recuerdo que un día, de pura rabia, rompí “accidentalmente” todos mis frascos de medicinas.

El neumólogo me advirtió de que habían grandes probabilidades de que mi bebé heredara mi mal, y así fue. La Enana está por cumplir tres años, y acaban de diagnosticarla con “asma inducida por el ejercicio”. Y aunque a ella también se le complican y alargan los resfríos, como me ocurría a mí, ella ya tiene su inhalador (de Salbutamol) y es evidente el alivio que le da. Puede comer, jugar, dormir, ir al Nido, jugar en el parque y hacer una vida normal, como cualquier niña de su edad. Otra cosa es una complicación como que coja un virus, un resfrío por ejemplo: de todos modos necesita cuidado extra, pero eso no ocurre a menudo.

Otrosí digo: para un asmático, el estilo de vida sano es muy importante. En mi caso, providencialmente, sin proponérmelo, llevé uno muy apropiado: iba al gimnasio, cantaba (o sea: hacía ejercicios de respiración profunda), nunca fumé, y desde los 20 años vivo en La Molina. Todo eso ha contribuido felizmente a mantener mi caso dentro de la categoría de los leves.

Moraleja nº1: Estamos en el siglo XXI. El asma ya no es el “cuco” que solía ser. No hay que temerle a la palabra asma, ni a la enfermedad. Con los recursos actuales de la medicina, hasta los casos más severos pueden tener un control eficaz. Lo importante es ubicar a un buen especialista.

Moraleja nº2: puede haber por allí otros asmáticos que ignoren su condición, como me sucedió a mí. Ojo a los síntomas: resfríos que terminan complicándose con aparentes bronquitis, tosecitas que no se curan, o mucha tos después de esfuerzos físicos, por ejemplo. Para más referencias, les incluyo una página web muy informativa al respecto, aunque hay muchas otras en internet: http://www.viatusalud.com/documento.asp?ID=358

Nos vemos.

2 comentarios sobre “Diagnóstico: asma (ayer y hoy)

  1. Oh, Danza. Tu caso es uno de los muchos que vi durante mi época de colegio. Que bueno que ahora ya sepas como estas, estes mejor y sobretodo puedas cuidar de tu hija sabiendo que enfermedad tiene. Así puede vivir normalmente y ser feliz 🙂

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  2. Ay Danza, has hecho una descripción exacta de lo que me ocurrió a mí hasta los 14 años. Luego de eso desapareció el asma hasta hace unas pocas semanas, claro que esta vez me la diagnosticaron como asma emotiva, por la muerte de la Nonna ya que durante 17 años no se habia aparecido de nuevo. Las cachorras también tienen asma de vez en cuando en cambio de estación, pero como bien dices, con los inhaladores todo está bajo contro. Un beso y nos leemos,

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