Se habla mucho de la IA. Y se pueden decir muchas cosas de ella. Como se pueden hacer muchas cosas con ella. Yo prefiero hablar menos y hacer más. Y más bien acoger con cariño lo que traiga de bueno, y lo que ayude a canalizar mis ideas y mi creatividad.
Recuerdo cuando la fotografía digital estaba en sus inicios, y todos decíamos que noooooooo que nunca iba a reemplazar a la película. Nos tuvimos que tragar nuestras palabras. Hoy en día hay mucha polémica alrededor de la IA: que si es buena, que si es mala, que si es una estafa, que si es un insulto, que si es un plagio, que si… etcétera.
Lo que personalmente creo eso depende del uso que le demos. Si la usamos mal, será mala y resultarán cosas malas. Si la usamos bien, podría ser una gran ayuda para acelerar procesos y para pasar más tiempo creando en vez de manipulando hardware. Si la maneja gente deshonesta, pues tendremos resultados engañosos y deshonestos. Y así sucesivamente. Pero eso ya no es tema de la IA: es tema de cómo somos los humanos y por qué hacemos las cosas que hacemos. O como decía el algoritmo, «garbage in ->garbage out».
Dice el proverbio así que como toda ganancia implica una pérdida, toda pérdida también implica una ganancia. Al pasar de la película al soporte digital se perdieron algunas cosas, pero se ganaron otras, y por eso ahora lo digital es el nuevo estándar. Sin embargo, por ese mismo hecho ahora se valoran mucho más como forma de arte arte todas las técnicas analógicas y artesanales de generar imágenes por acción directa de la luz mediante emulsiones fotosensibles o similares.
Y para lo hacerla más larga, les dejo esta imagen creada por mí con ayuda de motores de IA.

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