Ni en mis más locos sueños me lo hubiera imaginado ni en 1977 ni en 1996, pero hoy ya llevo poco más de dos años viviendo y trabajando aquí. Y me seguiré quedando en Tingo un buen rato, no sólo porque tenga un emprendimiento aquí, sino entre otras razones porque es una ciudad segura, acogedora, y donde para salir a alguna reunión se llega en 10 minutos, sin tener que sufrir hora y media de horroroso tráfico.